martes, 2 de julio de 2013

El río Zapardiel

Sobre los prados junto a la ribera
como un viejo sendero del desierto,
lomas abajo de la carretera,
el río Zapardiel baja discreto.
Ha horadado la tierra y se ha metido
entre los grandes cajos y barrancos.
Le contemplan el campo dolorido,
los chopos de la orilla y el ocaso.
Baja de la laguna solitaria
perdida en el remanso de la fuente;
atravesando la cañada varia
desde el mismo "parral" hasta el afluente.
Aguas abajo de su lento cauce
riega la hierba de los secos prados
y le miramos todos anhelantes
como el fiero guardián de los rebaños.
Se le puede mirar desde las vigas
puente provisional del campesino;
lleva las aguas claras, encendidas,
hasta el remanso que se ve perdido.
Lavan algunas tardes las mozuelas
a la solana de los juncos secos;
y mientras cantan, limpian las cazuelas
que van dejando sobre el verde suelo.
En verano se seca y nos da pena,
solo arena, junquillos y añoranzas.
No podemos bañarnos, ¡qué faena!;
y las ovejas en su cauce acampan.
Pero a veces despierta y se embrutece,

baja como una furia desatada,
arrastrando cosechas que parecen
plumas sobre las olas encrespadas.
Todos salimos a mirar un poco
desde la cuesta que bordea la era;
oímos que campea como loco
y no se ve siquiera la ribera.
Salta el agua las vigas que, no tardan
en seguir la corriente enfurecida;
las huertas han perdido incluso el alma
de todos los canteros de la orilla.
La tormenta se va tras las montañas
y es ya todo normal en aquel pueblo;
todos llevan prendido en las entrañas
el trabajo y afán del buen labriego.

"De la siembra a la siega"
Patrocinio Gil Sánchez



 

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